Hola..

Sé que a veces me comporto fatal.. No prestes atención a esos detalles.

martes, 25 de diciembre de 2012

Último impulso

Después de tantos caminos recorridos, entendí que al final lo único que encontramos es nuestro reflejo. No hay más. 

Llegas al final, te encuentras a ti mismo, mirándote fijamente, con los ojos bien abiertos. 

Y te preguntarás "¿por qué yo", y es fácil: siempre terminaremos solos, uno mismo marca su principio y su fin. 

Al verte frente a ti, lo primero que harás es voltear a ver si hay más personas como tú en el camino, pero lo único que alcanzas a ver es todo lo vivido y andado. Tus penas y glorias, fracasos y triunfos, las heridas y cicatrices, el bien y el mal causado. Sea como sea, el final es invariable.

A veces siento que no puedo ordenar mis pensamientos.

Te ves a ti mismo porque no hay más en este mundo, estamos solos.

Las demás personas pueden ser un refugio, pero nada es para siempre.

Ha llegado el momento de despedirme, de reencontrarme, de tratar de mejorar esta terrible relación que he llevado conmigo misma.

Para amarme, necesito valorarme. Dejar de ignorar mis propias señales, empezar a escucharme de nuevo. Perdonarme.

Necesito volver a ser solo yo, y no una mezcla de lo que me he vuelto al unirme con el mundo.

Este siempre fue mi destino, a pesar de que me empeñé tanto en rechazarlo y negarlo para terminar perdida en el camino.. pero aquí estoy de nuevo.

Es más fácil dejarse llevar por la corriente del destino. Seguir en contra de esta es agotador y decepcionante muchas veces.

No estoy perdiendo la fe, estoy tratando de recuperarla intentando lograr lo más difícil: aceptarme de nuevo y aprender a convivir con esta soledad.

Este cuento está a punto de terminar, y empezará una nueva historia. No sé si será de amor o tragedia, pero eso ya no importa. Solo sé que será mía y con eso basta.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El mueble


Llegué tarde a una fiesta porque me quedé viendo películas en casa. Salí con un jean lleno de huecos y el escote más marcado del mundo. Esa noche fue distinta, este hombre estaba extrañamente sociable conmigo cuando por lo general es distante. Me paré para ver algo al frente suyo, y él señaló un hueco de mi pantalón que estaba sobre el muslo derecho.

— Ese de ahí es el que lleva a la gloria, ¿verdad?

Me hice la desentendida, reí y le mostré mis manos. Tenía las uñas pintadas de rosa con lila y le dije:

—Mejor mira mis uñas, son de chicle.

Agarró mi mano y empezó a morderme los dedos. Se los saqué de la boca y me senté a su lado. Seguimos hablando de nimiedades por un buen rato, hasta que de repente se armó de valor y me dijo:

— Revisa tu celular.
— Ya lo vi, no hay nada.
— Mira de nuevo.
— Dale... Mira, ahora si tengo mensajes.
— Revísalos.
— Eres tú diciendo "hola". ¿Estás bien?
— Sí, quiero que me contestes.
— Bueno, hola.
— No, escríbemelo.
— Oh, ya ya.
— ¿Puedo escribirte algo?
— Sí, obvio.

Volvió a sonar mi teléfono y encontré un nuevo mensaje suyo.

— ¿Te puedo hacer sexo oral?

Me quedé helada. Lo miré, me sonrió con algo de timidez y me pidió que le respondiera con otro mensaje. 

— ¿Cómo así te provocó eso?
— Porque quiero.

No pude evitar reírme, me puse de pie y me senté por otro lado. 

Amaneció, por fin estábamos los dos solos. Me pidió que me siente con él, y al rato nos estábamos besando en el mueble. Su lengua estaba cargada de ansiedad y hambre. Me dijo que lo espere en la habitación, y que quería encontrarme sin jeans. Obedecí.

Al verme semidesnuda, entró al cuarto y cerró la puerta. Aún no estaba del todo convencida, así que intenté poner todas las excusas del mundo para que no se dieran las cosas. La cortina de esa habitación era tan fina que no lograba ocultar el sol que brillaba con furia aquella mañana.

— ¿Sabes qué? Mejor no hagamos nada.
— Shhh…
— No, en serio. No quiero nada, gracias.
— ¿En serio? ¿Qué haces sin pantalones entonces?
— No sé, pero ya me arrepentí.
— Ya, ven acá.
— No, no. Ni siquiera es que me he depilado como para hacer estas cosas.
— No me importa, me gusta el pelo.
— Noooo, ¡que turro! En serio, otro día estará bien, hoy no.
— No, yo quiero ahorita.
— No quiero que me veas así.
— Te he visto tantas veces, y ahora me vas a salir con que te da vergüenza que te mire. Ya abre las piernas y deja de hacerte la digna.

Consiguió abrir mis piernas luego de un ligero forcejeo y se lanzó sobre mí como un animal hambriento lo haría sobre esa presa que ha velado la noche entera. Al cerrar los ojos, pasaron en fila todos los recuerdos que creí haber eliminado de mi cabeza hace mucho tiempo atrás. Decidí olvidar, no entiendo que hago con este hombre dentro de mí. Ya reconstruí mi vida, ¿para qué querría regresar después de que se ausentara por tanto tiempo?

Mi cabeza regresó a esa cama. El trataba de decirme algunas cosas, pero solo le pedí que se callara y que se quedara echado entre mis piernas para siempre. Lo besé, bajé su rostro y volví a apretarlo contra mi cuerpo. Me pierdo de nuevo entre pensamientos y ahora aparece la persona con la que he pasado el tiempo en estos últimos meses. Me sentí un poco traidora, a pesar de que él me dejó para tratar de formalizar una relación con otra mujer. Lo nuestro nunca funcionó y no podía negarle la oportunidad de intentar estar bien con alguien más, así que decidí seguir sola. Ellos son dos hombres tan diferentes, y mi cuerpo lo nota. Ya me acostumbré a que me besen distinto, ¿qué es esto? Reacciono una vez más, y lo alejo de mí. 

"Nos van a ver, vamos."

Fuimos a la cocina para buscar algo de tomar, y me dijo:

— ¿Quieres más?
— Creo que sí.
— ¡Qué golosa!
— Vamos.

Regresamos a la habitación. Tenía sentimientos encontrados que no me dejaban estar en paz, así que intenté tocarlo para cambiar de papeles, pero él no me dejó hacerlo.

— Quiero que disfrutes tú.
— ¿Y tú?
— Me encanta hacer esto, acuéstate y déjame seguir.

Físicamente lo dejé seguir, pero mentalmente me sentí derrotada. Me rendí, realmente no podía acabar por nada del mundo, tenía un maldito bloqueo en mi cerebro, un gran miedo a sentir cosas que no sean apropiadas, miedo a disfrutar, miedo de lo que pueda pasar después, miedo a todo.

Salimos del dormitorio para sentarnos en la sala mientras escuchábamos música. Estaba cansada y recosté mi cabeza sobre su regazo. Él agarró mi cara y comenzó a besarme lentamente, mientras me miraba y peinaba el flequillo que cubría mi rostro.

— Qué guapa que eres.

En ese momento sentía su respiración por mi cuello mientras intentaba quitarme la blusa. Hizo el sostén a un lado y empezó a recorrer caminos que hace mucho tiempo no tanteaba con sus manos. Sus caricias eran lentas y suaves, buscando provocarme. Dejó de besarme los labios para bajar a mi pecho, para pasar su lengua sobre mis pezones, para besarlos, para chuparlos muy despacio, para disfrutar de mi cuerpo erizándose, para ver cómo me perdía en él. 

Metió su mano libre dentro de mi pantalón, dispuesto a tocarme sin piedad. Sentí que ya no importaba nada, en ese momento él había ganado el control absoluto sobre mi ser. Él me tenía en trance y yo solo me dejaba embriagar por la sensación. 

— Mete tus dedos... no pares... no pares...

Entré en desesperación, no sabía si reír o llorar. Solo atiné a gritar del placer que estaba sintiendo. Respiré hondo, y sentí que el mundo se detuvo por un segundo antes de alcanzar el cielo con las manos, y comenzara a estremecerme sin parar, eran como réplicas de un terremoto en el pecho que recorrían todo el cuerpo.

A duras penas logré sentarme de nuevo, aún sentía como me temblaban las piernas, y él solo pudo balbucear un par de palabras.

— Que fuerte... Yo también acabé.
— ¿Cómo?
— Con el roce de tu cabeza entre mis piernas y todo lo demás.
— No te creo.
— Tócame, acabé en mis pantalones.

Poco después, cuando pude ponerme de pie ya sin temblar, llamé un taxi. Él se quedó sentado en el mueble y se durmió al instante, como un bebé. Le planté un beso en la boca y me retiré en silencio de aquel lugar.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El fin


La última vez que fui a la playa, comenzó una estampida humana de la nada. La gente corría aterrorizada por las calles, en sentido contrario al mar. Por mi mente pasó que venía un tsunami y que iba a morir. Dado que mi compañero para vivir después del apocalipsis se quedó en la ciudad, solo pensé: 

"¡Verga! se acabó el mundo, ¿dónde chucha estás?"

Luego entendí que ningún llamado telepático lo traería a mi lado, así que el instinto de supervivencia me obligó a cruzar la calle, para quedarme parada en silencio al lado de un exnovio. Me quedé estática cerca de él, pero ni se percató de lo que sucedía porque estaba ocupado conversando con una amiga suya. Nuevamente pensé:

"Si me muero, que sea al lado de este hijueputa por lo menos."

Respiré hondo, y mientras la gente corría, logré escuchar que comentaban que hubo una pelea en la playa y que al parecer también hubo una balacera...

¡Qué decepción!

Agarré y me volví a sentar al otro lado de la calle, sola con una botella de ron y un vaso, sin articular palabra alguna. Al rato, en mi ebriedad quise tuitear sobre lo sucedido. Afortunadamente, la señal estaba pésima esa noche y no conseguí hacerlo.

Él ni se imagina que elegí morir a su lado esa noche.

Más confesiones antes de que se acabe el mundo

Otra vez se acaba el mundo. 

El tiempo pasó mucho más rápido de lo que hubiera deseado, pero ya no hay nada que podamos hacer al respecto. En teoría nos quedan un par de días más hasta que comience el desastre. Hace como dos años se dio una situación similar y les dejé de obsequio unas cuantas confesiones. Tal vez muchos no entiendan, pero.. al fin y al cabo, este espacio siempre fue de mí para mí. Obviamente, están cordialmente invitados a jugar entre mis pensamientos y mis sentimientos. Si les agrada, enhorabuena, y si no, que más da.

Separé un par de historias, una va hoy y la otra será para el fin.

Si la tecnología llegase a morir, espero volver a saber de ustedes. Ha sido un placer compartir. Lo seguiré haciendo así sea a mano. Menos mal tengo máquina de escribir, así que pase lo que pase, no será la última vez que sepan de mi. 

Gracias por todo.

MJ

domingo, 16 de septiembre de 2012

Diez regalos que quiero por mi cumpleaños.

El 2012 es el año del hedonismo, no del conejo ni del dragón.  A la verga con la sencillez y las típicas frases como  “ay, cualquier regalito está bien” o “con tu presencia me conformo”.  Nada. Quiero esto, gracias.

10. Hacer el amor con un delfín.

no. este Delfín no, ¡carajo!


9. Un taser gun.

..porque a falta de arma, meter corriente vale.


7. Un útero nuevo, con su respectivo juego de ovarios.

no se dejen engañar por su apariencia, es un hijo de puta.


7. Que la Galatzia me cante al oído "Mi cuerpo es touchscreen". 

te amo, shiquita.


6. Una fuente de chocolate para meterme de cabeza.

el lorito sabeeeeeeeee!


5. Un flashmob que baile el Gangnam Style para mí.





4. La Sensación Divina al pie del mar.

Alicia: amor del bueno.

3. ¡Orgía de sangre!





2. Un pug, para llamarlo Bartolo y que sea mi perro virolo de nombre trolo.

Bartolo te saluda.


1. Un oral siempre será bien recibido con las piernas abiertas.

if you know what i mean..

Faltan cuatro días para entrar al club de los veintisiete. Acepto regalos en sobre cerrado.

domingo, 26 de agosto de 2012

Abandonada.


Todo iba bien, estábamos riendo y cantando el “Feliz cumpleaños” a Sara. Como buena sarta de borrachos que somos, sabíamos que el ron nunca acabaría.
Cuando estoy con mi grupo de amigos no tengo miedo de desbaratarme bebiendo. No es como salir con un imbécil al cual no conozco mucho, que tratará de reventarme las nalgas si me llego a pasar de copas. Por lo tanto, esta noche soy libre de embriagarme hasta la inconsciencia. Así que, vasos van, vasos vienen…



Ya quiero que llegue Mauro, mi mejor amigo. Todo se torna más divertido cuando él está cerca. No necesitamos poses, ni pensar demasiado. A su lado la vida fluye con naturalidad. Se preocupa por mí, más de una vez me ha sacado de situaciones en las que me he regalado en bandeja de plata a los problemas, es el mejor en serio. Hoy no sería la excepción.

La loca de su exmujer apareció con su nuevo novio, quien alguna vez fue nuestro buen amigo, pero afortunadamente, se retiraron pronto de aquella fiesta. Se dice que en el amor y en la guerra todo vale, pero su hazaña es algo que hasta el día de hoy no nos causa gracia. Su matrimonio fue difícil, obviamente nunca se acabaría en buenos términos, pero que escogiera como novio a Adrián, quien fuera el paño de lágrimas de Mauro, apenas un par de meses después de que saliera el divorcio fue bastante bajo y sucio de su parte.  Solo basta con mencionarlos para que cualquier ambiente se vuelva incómodo.

La noche sigue su curso, cada cual con su respectivo vaso; y, ya entrados en tragos, hablando cada barrabasada que se nos pase por la cabeza. Sentados en círculo, bromeando con dichos populares y coreando letras de canciones espantosas, hasta que por fin llega mi dúo dinámico. ¡Al fin!

Aparece elegantemente vestido, con una sonrisa muy grande en su rostro y una botella de vino en la mano. Saluda a los invitados, y se sienta junto a mí. Son casi las tres de la mañana, por lo cual comenzamos con el interrogatorio de rigor:

— Oye, ¿por qué llegas recién a esta hora? ¿Dónde estabas?
— Culeando.
— Bien, ¡esa es! ¿Por eso tomaste vino? ¡Qué asco!
— Ya pues, a esa puta le gusta el vino.
    ¿Estás borracho?
— Un poco.
— Mañana te va a doler… Una resaca con vino es lo peor que existe en el mundo.
— Lo sé, pero qué más da. Culeé de lo lindo…
— Ya te tocaba, ya era tiempo.

Luego de eso nos pusimos a conversar sobre la aparición de su exesposa con nuestro examigo, de los horrores que estábamos cantando antes de que llegara, y compartiendo chismes sin importancia.

Últimamente, cuando abuso del alcohol y corre viento, comienzan a dolerme los hombros. Pienso que debe ser un principio de artritis, aunque también podría ser la deshidratación, o simplemente vine mal de fábrica… Así que cuando este malestar aparece, busco ponerme un abrigo bastante grueso, o trato de hacerme bolita en algún mueble para entrar en calor.

Como era de esperarse, empezó este malestar. Se lo comenté en voz baja, me levanté, y totalmente ebria fui a acostarme en el diván que estaba en la sala de la agasajada. Solo cerré los ojos y caí muerta de inmediato. Es como si el cuerpo indicara que ha sido suficiente maltrato y llegó el momento de apagar los motores…

Al rato, desperté muy alarmada y desorientada. Recordé que estaba en una fiesta y al parecer dormí por siempre. Me levanto a buscar a mi amigo para ir a casa... pero él ya no está, Mauro se fue sin decir nada. Pierdo el control, y estallo en un arranque de ira. ¿¡Cómo mierda se pudo ir sin mí!?  

La rabia empieza a desbordarse. Solo quiero irme de este lugar, odio a esta gente. Seguía en esa casa porque esperaba que él también se cansara de estar ahí y me llevara a la mía. Pero no, tenía que dejarme abandonada… No aguanto un segundo más en este puto lugar.

Termino de mandar al carajo a todos los invitados de la fiesta y llega un taxi. Unos amigos se van, así que huyo con ellos. Subimos al carro, y saco mi teléfono para llamar a Gabriel. Él es un exnovio, ese comodín para los ratos de soledad y escapar de la falta de afecto, ese idiota que siempre se sentirá en deuda, porque sabe que todo fue un fracaso cuando se quisieron hacer las cosas bien, pero vive consciente de que nunca encontrará a alguien como yo. Solo me escucha llorar desconsolada, dice que vaya donde él está. Le doy las indicaciones al conductor, y llego a la casa de un extraño esta vez.

Gabriel me abraza muy fuerte y pregunta que pasó. Le digo que Mauro se fue, dejándome sola, frustrada y confundida. Nadie entiende por qué lloro tanto, pero les digo que él falló a uno de nuestros principios y eso duele. Borracha de mierda, obviamente dramática… eso soy.

Miro con detenimiento el sitio donde estoy, solo hay hombres,  a excepción de la zorra que mi querido ex está a punto de meter al cuarto. Es un perfecto imbécil, hacerme ir en esas condiciones a un lugar lleno de borrachos para verlo revolcarse con una cualquiera en vez de mandarme a casa. Así que, aquí estoy… ebria, triste y con sueño junto a una caterva de desconocidos.

Hablamos trivialidades hasta que salió el sol. Ellos están muy ansiosos, esperando un pedido. Asumo que compraron más licor, porque lo poco que tenían se terminó. Se escucha un auto pitando afuera, y sale el dueño de casa. Entró casi al instante. De repente, los ojos de sus amigos se abrieron como si hubiera aparecido la puta más deliciosa que han visto en sus vidas… y no me equivoqué.

Se escucha un “¿todo bien?”, seguido de un “sí” por parte del anfitrión. Saca de su bolsillo unas llaves, lo veo abrir su mano y tiene una funda con cocaína en ella. Empezaron a inhalar con desesperación, y de repente llega mi turno. Ahora sí entendía la emoción de estos tristes seres. Trato de hacerles comprender que me hace daño, pero es como si no pudieran oírme. El dueño de casa no dejaba de insistir, pero esta persistencia sería en vano. Jamás accedería, ya que detesto la coca… solo ha traído problemas, penas, angustias y taquicardias innecesarias a mi vida. Así que pido un poco de agua y me siento en la sala.

Se me está pasando la borrachera y el sueño está llegando. Me acurruco en el mueble, pero llega mi vaso con agua. El anfitrión se disculpa, indicando que está sin helar, lo cual no me molesta. Tomo un poco y noto algo extraño su sabor, pero la sed puede más, así que me acabo el vaso de golpe. Vuelvo a acostarme, mientras veo los bailes de quijada del dueño de casa y sus únicos dos amigos que siguen despiertos. Siento pena por los drogadictos, son esclavos de su propia perdición.

Gabriel despierta, sale de una habitación y se va a otra. La tipa con la que estaba se queda en la sala, se pone el chaleco con el que llegó originalmente, pero que se quitó para pasar mostrando las tetas toda la noche, empieza a bañarse con un nauseabundo splash, se mete un caramelo en la boca, y llama a su madre para decirle que durmió donde una amiga, pero ya va a casa. Es todo el prototipo de una puta solapada.

Por su parte, Gabriel se acuesta en otra cama para seguir durmiendo, pero me lanzo encima de él mientras le muerdo la oreja y susurro en su oído: “Te pasas de puta, eres un asco”. Él solo sonríe, siempre ha disfrutado de mis malos tratos. Aparece el taxi y nos vamos juntos. Paramos por ahí a comer algo, pero realmente estoy sin hambre. Así que volvimos a subir en otro taxi, le robo un par de besos en el camino, me despido, subo a mi casa y me echo a dormir, o al menos intento hacerlo.

Comienzo a desesperarme, no soporto ni el frío ni el calor. Quiero dormir y no puedo, solo consigo dar vueltas mientras mil ideas hacen escándalo en mi cabeza. Necesito vomitar...

Cierro los ojos un momento, vuelvo a abrirlos, y mi madre aparece a un lado de la cama, metiéndole mano a mi cartera. Me levanto de un salto y le pregunto qué necesita para dárselo. Se pone nerviosa y dice que busca una tarjeta de crédito. Se la doy, le quito mi bolso y me acuesto de nuevo. Dentro de esa cartera tengo una receta médica de la cual ella no puede saber, y estuvo a punto de verla. Ella no puede saber de mi condición.

Dejo que salga de mi habitación, entro en pánico, y siento como mi vida casi termina. Siento como el techo da vueltas… ahora sí me voy a morir. Todo en mi vida ha sido malo. ¡Mierda! Mi corazón late a mil, me falta el aire... Necesito respirar hondo y apagar estas voces incriminatorias, me están haciendo daño y roen mi consciencia. ¡Ya paren!

Escucho que mi madre se va de la casa, y corro como loca al baño. Me meto de cabeza en el escusado y empiezo a purgar penas. Solo consigo sacar agua de mi cuerpo, pero algo sucede. El sabor de esa agua me recordó dos eventos: los besos con sabor a cemento de un antiguo romance, y aquellas épocas en las que odiaba jalar coca, pero me divertía poner un poco en mi lengua para sentir como se adormecía un rato. Era ESE sabor. Entro en shock, y digo: “¿cómo es posible que suceda esto?”

Sigo pensando, y la noche pasa como una sucesión de imágenes en mi mente, van en desorden. Mi cabeza no quiere obedecer, solo quiere destruirme. Así que tomo un baño con agua helada, mientras trato de reconstruir la escena y busco atar cabos.

La respuesta resulta ser bastante obvia: fue el dueño de la casa donde estuve. Al no aceptar droga, él decidió que igual la consumiría con ellos, y la puso en mi vaso con agua. No podía conformarse con un no por respuesta, y ahora estoy pagando las consecuencias por este gran descuido.

Estoy saboreando un coctel interminable de techo con taquicardia que no pedí, y siento que todo está perdido. Es mi maldito fin. Los finales felices no existen y moriré como una rata sin moral ni ley.



Así que lo único que queda por hacer es buscar una vez más a Mauro. Ya son las diez de la mañana, debería estar despierto. No me equivoco, mi intuición nunca falla con él. Lo llamo y le digo lo que pasó luego de que él se fue de la primera fiesta. Hablamos sobre lo sola que me siento, y este miedo de morir de una manera tan estúpida. Trata de calmarme, diciendo que ya sale a verme.

Alcanzo a bañarme tres veces más hasta que él llega. Ve mi cara de desolación y lo primero que hace es pedir disculpas por irse sin avisar. La borrachera le ganó y simplemente se fue a su casa. Me vio dormida y le pareció lo mejor que me quedase ahí, tranquila.

No tengo ganas de comer, sigo sin hambre. Solo quiero que Mauro se acueste junto a mí, y me salve de estos pensamientos. Espero que logre hacerlos bajar de tono y que finalmente desaparezcan. Tampoco consigo dormir, solo puedo cerrar los ojos y hacer de cuenta como que todo este error solo fue un mal sueño.

jueves, 3 de mayo de 2012

Un día normal.


Necesito dormir, ya van a ser las cinco de la mañana y no logro conciliar el sueño, creo que las amenazas del tipo que me drogó el otro día me tienen un poco nerviosa. Sea como sea, necesito descansar…


(Al rato, como a mediodía...)

Que fastidio, me muero de calor. Este sol quema, a pesar de que las cortinas están cerradas y la habitación sigue medio oscura. Tengo tanto que hacer hoy: comenzar a desarrollar este proyecto que tengo en mente, comprarle una correa nueva a mi perra, tratar de conquistar al mundo, cosas así. Pero sigo con sueño.. dormiré un poco más…


(Ya son las cinco de la tarde…)

Carajo, es tardísimo. Ya no alcancé a hacer lo de mi perra. Me pondré a hacer lo demás, pero primero necesito revisar mi correo y redes sociales, aunque también debo saber que ha pasado con mis amigos…

(Es de noche…)

Ya, es suficiente. Llevo en esto un par de horas y no avanzo nada. No me puedo concentrar. Lo que necesito es liberar tensiones, creo que una buena paja sería perfecta. Ay, a quien quiero engañar… extraño a este idiota. ¿Por qué diablos no me busca? Ya necesito besuquear a alguien con ganas y a este se le ocurre desaparecer para tener vida. Que desastre, pero el orgullo puede más. No lo voy a buscar y me voy a divertir con lo que encuentre en Internet.

Bueno, creo que esta porno de cuatro hombres con una chica no me convence, pero puede que la del fontanero con el ama de casa esté mejor… Espero que nadie llegue mientras termino este trabajito. Esto de no poder encerrarme en mi propia casa para ajusticiarme un poco ya me tiene loca, ¡necesito independizarme!

Pero para eso necesito un sueldo, y para tenerlo me toca trabajar, pero la verdad es que da pereza hacerlo. Solo quiero hacerme famosa escribiendo y siendo bonita.. y también quiero que este estúpido aparezca pronto, ya se me están gastando los dedos por extrañarlo.


Oh, llegó mamá. Es el momento de pretender que todo está bien y que al menos he limpiado un poco este cuarto para que no me sermonee porque estoy viviendo como un parásito pajero y sucio, porque tampoco me he bañado hoy. Los días pasan tan rápido que se me escapan esos detalles.

Ahora son las dos de la mañana. Sigo sin conciliar el sueño, sin avanzar en mis proyectos. Tomo una taza grande de té con la esperanza de poder cagar alguna idea brillante cuando vuelva a salir el sol, cuando sea otro día y me levante para tratar de cumplir las mismas misiones que he venido planteado en estos últimos dos años.

sábado, 28 de abril de 2012

No me malinterpretes.

Puede que esté equivocada, puede que no. Solo déjame ser, con errores y atinos, con cosas buenas, malas, extrañas, comunes.. en fin, humana. Única, como todos.


"La persona que quizás no ves, pero vive aquí dentro, 
con ganas de volar y vivir."

--

No soy valiente, es mi cobardía la que me obliga a huir de los problemas dándoles una solución rápida.

No soy comprensiva, solo sé callar y escuchar a los demás.


No son cumplidos, en realidad pienso que todos son hermosos a su manera en ciertos momentos.


No soy buena, solo trato de hacer más fácil la vida de los demás porque odio los lamentos y quejas. 

No soy descarada, únicamente no me importa el "que dirán" ni vivo de prejuicios.

No miento, solo evito hacer el daño más grande.

No extraño, es solo que odio a la soledad.

No odio, solo estoy cansada de rodearme de falsedad y cuerpos sin alma.

No creo en las segundas oportunidades, solo es resignación.

No creo en lo perfecto, pero sí creo en la necedad.

No doy esperanzas, solo hago tiempo hasta que Dios cumpla con su parte y los levante.


No me engaño, solo trato de hacer esta vida más llevadera.

martes, 14 de febrero de 2012

El secreto.


Es tarde, y uno está más ebrio que el otro. Ha sido una jornada de música, alcohol y confesiones. Se va terminando la botella y la noche con ella. Él se echa en la cama de ella y dice:

-Estoy muerto.
-Oye, me dieron ganas de hacerte huevadas..
-Ja  ja ja
Y luego de las risas nerviosas llegó el silencio..

Ella se lanza hacia él. No es la primera vez que se besan.

Un par de semanas atrás tuvieron un acercamiento después de una fiesta, después de beber y abusar de la noche.

-Oye, ¿y si nos besamos?
-Ja ja ja
-Ya.. Vamos, dale..

Ella se acerca despacio y él se deja. El taxista procedió a apagar la luz del vehículo mientras se estaban besando y ambos estallaron en risa. Ella se limpia los labios, tiene una expresión en su rostro que denotaba asco, nervios y risa a la vez.

- Aghhh ja ja.. ¡Ya no quiero! ¡Me voy!
-Oye, estás batraceando como beso, ¡maldita!
-¡Sí, chao! Ja ja ja

Vuelven a la escena anterior. Están a punto de cometer el mayor error en sus vidas. Pero los besos siguen, y cada vez son más profundos.

Él agarra el rostro de su amiga, y ella acaricia su cabello mientras lo sostiene de la nuca, como si no tuviera la más mínima intención de soltarlo. El calor de los tragos nubló sus criterios y se empeñó en borrar la delgada línea que divide la amistad del desastre.

Las imágenes se van poniendo más rápidas, entrecortadas, e intensas.

Ella se detiene porque siente un sabor extraño en su boca. Se aparta de él, y nota que su labio superior está sangrando. Él la mordió con fuerza en el mismo sitio donde la noche anterior ella se habría golpeado con un vaso accidentalmente. Y de repente dice:

“Oye, me está sangrando el labio. Si seguimos con esto te vas a morir.”

Ella es experta en matar sentimientos y cortar impulsos en las demás personas. Sabe todo lo que no tiene que decir o hacer para hacerlo adrede, sin piedad alguna. Siempre a propósito, a manera de reto. Ella disfruta de ver cómo se está echando a perder la situación y busca como salvar el momento, de la forma que sea necesaria. Perder nunca le da miedo.

Dicho y hecho, logró cortar el sentimiento con este comentario desubicado. Él puso cara de incomodidad y risa. De seguro ese rostro quería decir “eres una estúpida, ahora qué demonios hacemos”. Pero ella tomó las riendas del asunto una vez más y volvieron a besarse.

La habitación se torna roja, ellos hierven. Sus respiraciones están muy agitadas, y empiezan a tocarse por encima de la ropa. Él duda, el marco de respeto que se tienen no le permite tocarla, pero ella agarra sus manos y le da carta abierta al colocarlas sobre sus pechos.

De repente todo se vuelve confuso, pero el deseo puede más. Las caricias que van y vienen, la desesperación por mirar, acabar con el pudor, revelar ese lado oscuro que es un misterio para ambos..

Le levanta la blusa. Lucha con el sujetador y finalmente descubre sus pezones. Empieza a besarlos y succionarlos  mientras agarra sus senos con fuerza. Es como un logro para él. Después de tantas veces que la vio desnuda mientras ella se había acostado con otros hombres en su presencia, había llegado el día en que ella sería para él.

Mientras esto sucede, Él abre su pantalón, y finalmente saca su hombría. Ella no vacila y la agarra para acariciarla de manera rápida y un poco tosca. Los dos están a mil, y la batalla por deshacerse de la ropa que ya va sobrando ha comenzado.

Él empieza a jugar con sus dedos entre los muslos de su cómplice, y al darse cuenta de que está totalmente empapada, le abre las piernas y decide entrar en ella. Lo hace de golpe, sin pensar, sin dudar. Como todo hombre lo haría, sin arrepentimientos ni misericordia. Son movimientos rápidos, puedes ver como frunce el ceño mientras lo hace. Puedes notar su furia al ver como le agarra las piernas y las eleva bruscamente por encima de sus hombros. Él pasó a ser el victimario y ella la presa.


Sus embestidas eran tan fuertes que estuvieron a punto de caer de la cama. En este instante es cuando ella reacciona y se da cuenta de que podrían verlos, ya que nunca pensaron en cerrar cortinas, ni puertas. Alguien podría despertar en cualquier momento y encontraría una escena de algo muy parecido al incesto. Así que ella se separa de él, y lo empuja hacia el otro lado de la cama.

“Tengo miedo de que te infartes por mi culpa, así que mejor paremos.”

En su ebriedad, él solo atinó a sonreír y caer rendido. Se durmió casi de inmediato, y ella también se echó por su lado. Ahora mil ideas pasaban por su cabeza, pero la que gritaba más fuerte eran las ganas de seguir. Se arrepintió de dejarlo dormirse, así que intentó levantarlo una vez más.

Lo sacudió, susurró su nombre, e incluso le dio un par de cachetadas, pero él no reaccionó. Así que en ese momento salió a flote su lado animal, y decidió hacerse cargo del asunto por cuenta propia.

Nota que el miembro de su compañero seguía duro y fuera del pantalón. Así que decide meterlo en su boca para terminar de reanimarlo y darle a entender a esa cabeza que la función continuará sin la conciencia de su amo.

Una vez que lo siente listo, se coloca a horcajadas sobre él para propinarse ella misma la estocada final. Es un descontrol, una fiesta sobre el cuerpo de su amante casi inerte, la cual no se detuvo hasta sentir que el alma se le escapaba del cuerpo. Finalmente, soltó un gran suspiro, una vez más se apartó de su ahora víctima y le colocó el pantalón de vuelta.

De inmediato se puso pijamas, se lavó la cara y se acostó a dormir, haciendo de cuenta como que no había sucedido lo anterior. Era el crimen perfecto, era su secreto.

Llegó la mañana, y ella lo despertó porque él debía irse a su casa. Lo primero que sale de su boca fue un: “Me duele la cabeza, ¿qué pasó?”, y mientras se pasa las manos por el rostro, nota algo en ellas.. huelen a mujer. Su expresión de sorpresa lo dice todo: No recuerda lo sucedido.

El sonríe. Ella sonríe aún más. El secreto está a salvo.