Hola..

Sé que a veces me comporto fatal.. No prestes atención a esos detalles.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Crecer duele

Alguna vez escribí con mi puño y letra, teniendo alrededor de 14 años al final de una agenda estas palabras: "Quiero irme de la casa". Lo escribí a manera de grito desesperado, pero silencioso. La época de colegio fue muy dolorosa a nivel familiar. Uno no tiene la culpa de los errores que cometen nuestros padres, pero quienes salimos más afectados siempre somos nosotros, los hijos.

Celos, infidelidades, problemas, discusiones.. Cosas que no necesitaba saber. No necesitaba que mi madre destruyera al hombre de mi vida, el héroe que siempre se ha desvivido por mi con tantas frases hirientes. Esas no son cosas que una niña de 11 años desea saber. A ningún  niño le gusta que maten a sus ídolos.

Una de las muchas noches en que mi padre estuvo a punto de irse, me quedé dormida sentada en el suelo frente a  la entrada principal del departamento para que no pudiera salir. Cuando finalmente me convencieron de que no se iría, agarré su maletín y dormí con el. Me lo puse entre las piernas para que nadie se llevara y mi padre no se fuera.

En otra ocasión, llegó a armar sus maletas y estaba listo para irse. Recuerdo que me armé de valor y dije: "Papi, me voy contigo". Estaba en pijamas porque era de noche. Solo agarré mi grabadora, una almohada y el peluche con el que hasta la semana pasada solía dormir. Mis hermanos, al ser menores que yo, siguieron mi ejemplo y de repente una fila de 4 personas estaba yéndose de la casa. Mi mamá se puso a llorar y pidió que nos quedemos todos.

Cada vez las peleas eran más constantes, más subidas de tono. Y las respuestas, cada vez más flojas, ambiguas. Vi con todo el dolor de mi alma como poco a poco mi ídolo se derrumbaba e iba convirtiéndose en un ser extraño, malhumorado. 

Mi madre siempre me dijo: "Tu padre es un mentiroso, nunca le creas nada." Pero más doloroso que el hecho de escuchar algo así de alguien a quien uno tanto ama, fue descubrir que esa terrible acusación era cierta. Me dio el golpe de gracia, y me mostró fotos. La persona que aparecía ahí era mi padre, junto a una mujer que alguna vez vi en algún lugar y me dio mala espina de inmediato, y con un niño en medio de los dos, agarrado de la mano de cada uno. El hijo era de ella, pero el lo agarraba como si fuera suyo. Mi mente había bloqueado este recuerdo. Ese día mi corazón se rompió y descubrí que las dobles vidas existen.

Para ese entonces ya tenía 16 años, y como era de esperarse, me volví una chica rebelde pero siempre con buenas calificaciones porque así me adiestró mi madre. Me crió para ganar, no para ser mediocre. Nunca se fijó en las buenas calificaciones, si no en las malas. Nunca vio mis virtudes si no solo mis defectos. Cuando hacía algo mal, mi reacción inmediata era llorar de desesperación. siempre odié que me gritara y me insultara.

En ese mismo año, mi vida cambió mucho. Conocí el amor, descubrí lo deliciosos que son los besos y hasta conocí a mi primer novio (y creo que último oficial). El colegio y aquel novio eran mi válvula de escape de todos los escándalos que habían día tras día. 

Hasta que un día, me llega esta noticia: Mi novio (era una relación a distancia, lo conocí en un viaje, pero venía a visitarme a veces) va a tener un hijo con otra persona. Este tipo de acontecimientos para una niña de 16 años son demasiado fuertes para asimilar, así que opté por la solución barata que dan en las novelas y películas: beber hasta la estupidez. Vacié el bar de mi mejor amiga, y regresé a mi casa totalmente ebria a seguir bebiendo con uno de mis hermanos. Lo obligué a sentarse al lado mío y le conté mi problema. 

Mis padres habían ido a una reunión, y al llegar me encuentran destruida en mi cama. Vomité mientras dormía y no sentí nada. La única forma en que lograron despertarme fue a golpes. Nunca en mi vida me habían dado semejante paliza. Me agarraron del brazo y me metieron con uniforme a la ducha con agua fría. Solo sé que salí endemoniada de la ducha, me le paré a los dos y les dije que estaba harta de ellos y mil cosas más. Ellos jamás me habían escuchado decir una sola mala palabra. De pequeña prometí no ser como ellos, pero les dije de todo. No dejaban de golpearme, pero como mi cuerpo no sentía nada, solo seguí y seguí hasta que el cansancio me venció. Dejé un mensaje de voz al causante de toda esa desgracia a contarle lo que pasó gracias a su descuido, y me eché a dormir. 

Hasta el día de hoy me arrepiento de haber dicho cosas tan crueles. Me desquité con ellos por culpa de un pobre imbécil irresponsable. A la mañana siguiente descubrimos el significado de no ir al colegio debido a una "calamidad doméstica". Ese día me tocó pasar echada en cama porque no podía ni moverme de tantos golpes recibidos. Ellos nunca supieron el verdadero motivo de mi tristeza y rabia. No sabían que tenía novio. Es más, hasta el día de hoy evito presentarles a los hombres con los que salgo. Resultó que este novio negó todo, y dijo que esa mujer le quiso embarcar ese hijo a él y tres primos de él. Una joya aquel ser.

El fue mi paño de lágrimas, vino para mi graduación.. Fue divertido. Pero eso no podía ocultar los verdaderos hechos que estaban matando a mi familia por dentro. Mis padres siguieron juntos hasta tres días después de mi ceremonia de graduación del colegio. Por mantener apariencias, como tanta gente de mente obtusa en un país tercermundista. Había tanta tensión en casa, que el día en que finalmente se fue mi padre, sentí alivio... El ser que se fue de esa casa no era mi papá, era un monstruo.

A raíz de estos acontecimientos, mi novio, por querer "salvarme" de esa situación, me propuso matrimonio. Estaba a punto de entrar a la universidad, pero esa propuesta me hizo aplazar mi entrada un par de meses más. Le dije que no, porque necesitaba armar mi propio futuro, estudiar y hacer todo lo que el nunca necesitó porque su familia siempre tuvo dinero y el ganaba el suyo siendo guía de buceo. Le dije que no podía estar con un hombre que no había terminado el colegio, entre otras cosas. Hoy por hoy, él tiene un hotel propio, y un yate. Mientras que yo tengo una carrera y una maestría que no puedo ejercer por falta de empleo. Así funciona la vida.

Volviendo a mis padres, ya son como diez años de separación, pero aún así mi papá nos acompañaba a todos en los viajes, feriados, cumpleaños, navidades y demás fiestas. Intentaron llevar bien las cosas una vez mas, pero no duró mucho tiempo. Una noche llegué de ayudar a hacer deberes a unos amigos, y el me estaba esperando en el comedor, con cara de histeria. Le digo, "Qué te pasa?" y me dio una cachetada. Mi reacción fue decirle "Tú no me vuelves a pegar nunca más", y le clavé el puño entre el pecho y el estómago. Obviamente salí corriendo para que no me haga nada, y como "castigo" me quitó mis celulares de ese entonces. Hasta el día de hoy no ha vuelto a alzarme la mano.

Por otro lado, los insultos de mi madre nunca se fueron, pero mi atención hacia ella, sí. Aprendí a filtrar lo que deseaba oír de lo que no. Así he sabido vivir durante estos últimos años, sin que me afecte de la manera en que lo hacía antes. En lo que ellos nunca pensaron fue en como nos afectó a mis hermanos y a mi toda la situación. Hoy en día, mi hermano menor está viviendo con su enamorada, quien es una de mis mejores amigas. Cosas del destino de las que no hay manera de huir. Mi otro hermano en algún momento se fue de la casa, pero volvió a petición de mi madre. Y yo siempre me mantuve al margen de esas situaciones, optaba por callar e irme a dormir. El miedo siempre pudo más. Matar habría sido más fácil que tener que lidiar con ella. Aún pienso así.

Pero hace una semana, algo cambió. Se me terminó la paciencia. Me porté grosera con ella, me gritó de vuelta y me trató de golpear con una revista. Me cubrí. A estas alturas del partido no estoy para aguantar maltratos de nadie. Me dijo que no le alce la mirada (hay miradas que matan, y eso lo heredé de ella), pero no bajé la cabeza, y aparte me dijo que solo faltaba que la golpee, cosa que no sucederá. Luego se volteó, y comenzó a gritarle a mi padre que todo lo que ha sucedido en la familia es por su culpa, que se largue y no vuelva nunca más. Ah, y de paso le dijo: "A tu hija le encanta la huevada". Lindo. Debe ser feo que traten de matar o ensuciar a la niña de tus ojos con comentarios de ese tipo. Mi padre se levantó listo para irse y le dije : "Espérame, me voy contigo". Mi madre nos lanzó la puerta mientras salíamos. Le dije que no pensaba regresar, y mi papá me llevó a su casa.

Hasta ese día pasaba todo el tiempo en casa, durmiendo, comiendo, de repente trabajando, pero más que nada perdiendo mi vida en nada. Lloré todo el día. Ella se burló de mi por eso, siempre lo ha hecho. Por eso jamás lloro en mi casa. "Ay, hecha la que llora".. siempre me retumba eso en la cabeza cuando estoy a punto de lloriquear y me contengo.

Afortunadamente, una buena amiga necesitaba asistente, así que empecé a trabajar de inmediato. Mientras tanto, me recibieron bien en mi nuevo "hogar", y me tocó pensar. Ese día me di cuenta de que esa patada en el culo que me dio mi vieja me iluminó, y me enrumbó a la fuerza. Ya no soy una niña que necesita que la defiendan. Hace rato debí dejar de depender de terceros. Tuve oportunidad de ahorrar y todo lo gasté en divertirme. La pregunta que más rodaba en mi cabeza es "Y ahora, ¿qué hago de mi vida?".

Cuando ya no hay nada que perder, solo te queda todo por ganar. Eso es lo hermoso de comenzar de cero. Reconocer el valor del sacrificio y el trabajo duro. Saber que se siente tener tu propio espacio y poder decir orgulloso "esto es mío". Tener que buscar en el mundo la manera de lograr cumplir con sueños y metas desde abajo y como subir más pronto. 

Ya no me hallo en mi casa, no me siento bien en ninguno de los dos lugares. Eso es una señal más que clara de que lo que necesito es algo distinto. Un cambio de actitud, predisposición para aceptar cualquier situación que pueda venirse, y más que todo, fuerza. Fuerza para no olvidar nunca las metas trazadas. He pasado mucho tiempo aletargada, pero la mujer que despertó en mi tiene una sed insaciable de triunfo, éxito y paz. Abrir los ojos es maravilloso.

Gracias madre por provocar que abra las alas y vuele. Es lo mejor que pudiste hacer por mi. No es tu culpa que me fuera. Fue decisión mía, así que nunca te sientas culpable por lo sucedido. Te admiro, porque eres la mujer más sacrificada que he conocido en mi vida, y espero llegar a ser algún día como tú en ese aspecto.

Gracias padre por recibirme en tu casa y asegurarte de que no me falte nada. Espero no ser molestia por mucho tiempo. Pronto tendré que seguir evolucionando, así que disfrutaré de este tiempo adicional contigo.

Madre, solo hay una. Padre, también. Nunca se sabe que pasará mañana.