Hola..

Sé que a veces me comporto fatal.. No prestes atención a esos detalles.

martes, 19 de enero de 2016

En algún lugar

Yo sé estás sufriendo mucho, pero pronto dejarás de llorar, secarás tus lágrimas y comenzarás a ver la realidad con nuevos ojos, unos más limpios. Poco a poco aterrizarás y podrás entender muchas cosas que tal vez no pudiste o no quisiste antes. 

Te darás cuenta de cuanto te amo y lo sigo haciendo. El tiempo y el espacio no son nada cuando hay un sentimiento tan poderoso de por medio. Ahí está, latente igual que ayer, guardado dentro de su coraza, ansioso por salir y volver a brillar con tanta intensidad como en aquellos días de gloria y felicidad infinita. Estos ojos que hoy te lloran y añoran tanto como siempre. Esta mente que te piensa y te sueña sin parar. 

Amor mío, ¿acaso aún lo sientes? ¿acaso aún me sientes? Busco tu mirada incesantemente en la luna, sería capaz de vender el alma por un abrazo, por un beso más. Solo le ruego a Dios y al universo que devuelvan todo a su lugar y me regresen a mi hogar, que se apiaden de estas palabras y pongan mi alma a dormir nuevamente a tu lado algún día.

martes, 22 de abril de 2014

El niño sin brazos

Esta tarde fui a un control médico. Afortunadamente, estoy bien. Escapé del desastre a tiempo, y aunque fue un proceso largo y doloroso, salí victoriosa, saludable y sin secuelas.

 Mientras esperaba mi turno, vi correr por la sala de espera a un niño que no tenía brazos. Nunca había visto a alguien tan feliz dentro del lugar más triste del mundo. Iba y venía, tomaba agua del bebedero y seguía en su correteo incesante.  Su madre se sentó cerca de mí y me empezó a hacer preguntas sobre el doctor. Amablemente le respondí, porque conozco muy bien esa sensación de ser la persona nueva del lugar, donde no se sabe lo que sucederá.

Al rato, el niño se cansó de dar vueltas y se sentó al lado mío. Vio que estaba utilizando mi teléfono y comenzó una conversación interesante.

      ¾     ¿A qué juegas?
      ¾     A nada, solo estoy conversando.
      ¾     Pensé que estabas jugando. ¿Qué juegos tienes?
      ¾     Ninguno, los borré.
      ¾     ¿Y tienes fotos?
      ¾     Sí, eso sí, pero no sé si tenga fotos como para enseñarte. Veamos…

Comenzamos a revisar las fotos que tenía guardadas en la memoria del teléfono, donde justo encontré unas cuantas de mis vacaciones a Galápagos, de donde regresé hace un par de días. Junto con este niño recorrimos el mar, donde vimos islas llenas de tiburones y lobos marinos saltando. Luego hicimos un tour gastronómico lleno de pizzas, y arroz con muchas cosas diferentes. Podía notar como él estaba realmente entretenido con estas imágenes al azar de mi vida, y al terminarse las fotos, me preguntó si tenía videos o música. Le enseñé mis aburridas rutinas de ejercicios que llevé para entrenar durante el viaje y le dejé abierta la carpeta de música.

De broma en broma, este pequeño niño ya estaba haciendo de las suyas con sus muñones en mi teléfono. Sonreí y lo dejé seguir. En su muñón derecho tiene una cicatriz protuberante y larga, donde en su punta se ha formado una especie de callo. Ese callo simula la punta de un dedo, y él se vale de esto para presionar la pantalla táctil, se nota que es un chico hábil. Su madre sonreía muy orgullosa y me dijo que a su hijo le encantaba jugar con su teléfono, pero lo perdió hace un tiempo, y también me mencionó lo inquieto que es. Al parecer, al niño no le simpatizaron mis gustos musicales, porque al instante me entregó de vuelta mi aparato, acompañado por un “gracias” y una gran sonrisa. Luego de esto, intento saber un poco más de él.

       ¾     Oye, ¿cómo te llamas?
       ¾     Alexander.
       ¾     ¿Cuántos años tienes?
       ¾     Ocho y vivo en La Florida. ¿Tienes piscina?
       ¾     Eh, no. ¿Y tú?
       ¾     Sí, pero mi mamá me la desinfló.
       ¾     Chuta, que pena. Pero al menos tú tienes una. Yo solo tengo la ducha.
       ¾     Pero en las fotos vi que tenías piscina.
       ¾     No, esas fotos no son de mi casa, son de mis amigos.
       ¾     Ahhh…

Se acercaba mi turno, pero la señora me preguntó si podía cuidar al niño y creo que no entendió mi “no” sutil. Así que se coló y pasó primera para dejarme ahí a este pequeño ser con ojos enormes y brillantes, con las pestañas perfectamente rizadas y una extraña marca en su cuello. Preferí no preguntar sobre esto. Le dije que se quedaría conmigo hasta que su madre salga y que esté tranquilo.

Mientras tanto, “Xander”, como le dice su madre, me preguntó qué tan lejos estaba del Malecón, porque iría con ella a pasear allá. Es su lugar favorito. Luego me contó que le sacaron sangre y me mostró la marca de la aguja en su brazo. Le pregunté si sintió miedo y me dijo que no. Le conté que a mí sí me da terror cuando me ponen inyecciones y coincidimos en que es mejor respirar hondo, y evitar mirar la aguja cuando llega la hora del pinchazo. Mi nuevo amigo salió corriendo por un periódico y me pidió que se lo “ponga bien”. Le ayudé a pasar las páginas, y al terminar, lo dobló de vuelta él mismo y lo dejó en el asiento. Una persona entró al consultorio y aprovechó ese segundo para correr hacia su madre.

Al rato salieron, y me dijo: “ya te toca, ¡anda! Chaoooo” y le respondí “¡Chao!”, y mientras esto sucedía, noté que su madre, quien venía detrás de él, cojeaba mucho y hacía un gran esfuerzo para caminar. Me entristecí un poco y pasé al consultorio.

Al entrar, empecé a ponerme al día en los chismes con mi doctor, ya que no lo veía hace un buen tiempo. Me contaba de la cirugía de rodilla que no consigue terminar de hacerse porque el destino no se lo permite, y me comentó que el equipo para revisar a los pacientes está averiado. Entonces dijo algo que hizo que la sangre se me baje al piso:

“Está dañado el lente del equipo, por eso no pude revisar a la señora que entró antes de ti, que al parecer tiene VIH.”

Solo asentí, pero cinco segundos después asimilé esa información en mi cerebro y pensé… Esa señora se va a morir y ese niño se va a quedar sin madre. ¡Qué tristeza! Pero tuve que retomar mi conversación con el doctor y dejé ese pensamiento de lado.

Al salir del lugar, agarré un taxi para ir a casa a descansar. En el momento  que llegué y me eché en la cama, terminé de atar cabos y la verdad me estalló como una bomba en la cara… ¡Hoy le sacaron sangre a ese niño! ¿Será que él también…? Pero, ¡Alexander! ¡Es un luchador! ¿Por qué la vida podría ponerse más difícil de lo que ya es? ¿Qué clase de karmas está pagando este niño? ¡Puta madre! Dios, ¡hazme entender!

…Y lloré.


Ese niñito sin brazos se llevó mi corazón.

martes, 31 de diciembre de 2013

2013 - Muerte y Renacimiento

Si me preguntan por mi 2013, ¿qué podría decirles?

Pues bueno, a resumidas cuentas pasó esto:

Comencé sintiéndome rockstar como siempre, hasta que después de una celebración dentro de una piscina, con un vaso de ron en una mano y un porro en la otra mientras veía el amanecer comenzara una tos imparable en mí, la cual resultó ser una terrible infección a las vías respiratorias que provocó que se me reviente un oído y pierda la audición de manera parcial "temporalmente". Aún me quedo sorda por ratos, pero ya me da lo mismo.

El chiste me costó muchas visitas a muchos médicos y seguir muchos tratamientos. Dos de estos con antibióticos que parecía que iban a acabar con mis males, pero solo eran alivios temporales. La peste no cedía y cada recaída era peor. Sentí que mi cuerpo no daba más, mis defensas claudicaron y en serio llegué a pensar que iba a morir. Tuve que dejar de salir de mi casa por casi tres meses, y hacer un tercer tratamiento extremadamente fuerte para salir adelante. Esta medicación estaba contraindicada para otro tratamiento que estaba haciendo para ese entonces, y ese coctel casi me provoca una bella reacción alérgica de esas que matan. Pero no morí. Tuve que putear al último médico para que me curara bien.. y solo así sobreviví.

La parte humana es muy importante cuando uno se encuentra convaleciente y necesita recuperarse. Me alejé del mundo y solo dejé seguir a mi lado a quien más quería. Y lo logró, me ayudó a matar los días, a soñar con tiempos mejores y la vida juntos que siempre vinimos armando en nuestras mentes. A costa de su propio entretenimiento, él dio una pausa a su vida nocturna por estar conmigo mientras yo luchaba por recuperar mi salud y mi vida.

Dejé de tomar y fumar. Esa fue la primera decisión decente que tomé en el año.

Y con el tiempo, lo logré. Sané. Pero mientras esto sucedió no pude ver que desgasté demasiado a mi pobre compañero de convalecencia. Ya no quise salir más, y empecé a mover cielo y tierra para que él tampoco lo hiciera. Tomé como mío algo que no me pertenecía y alargué demasiado tiempo una separación que era inminente. 

Un pequeño error fue suficiente para dar fin a todo. Diez años se terminaron de ir al diablo por una irresponsabilidad sumada a una serie de mentiras. Mi corazón no aguantó más y dio el pitazo final. Se acabó el partido, me rindo. Lo amo, pero no puedo vivir más así. Sobreviví a una serie de enfermedades y falsos diagnósticos para ser rechazada por la persona a quien amaba, y decidí que no era justo para mí. Tuve que empezar a correr, correr de mí misma y de mis sueños en conjunto. 

Me sentí perdida, pero tomé otra decisión crucial: Nunca más seré rechazada por nadie. Sé cuanto valgo y el mundo debe entender eso.

Necesito recuperar el control en todo aspecto, y mi obesidad es una clara señal de que las cosas no estaban bien en mi interior. Para tener mi vida de vuelta, el mundo necesita volver a ver al ser que se escondía dentro para evitar la atención. Tengo que salir de esta coraza, tengo que dejar de ser una víctima, tengo que dejar de esconderme detrás de alguien más y sacar la cara como siempre debió ser. Solo me estoy matando con comida basura, cosas que no me alimentan sino que solo me enferman. Estoy podrida porque yo decidí que fuera así. Y no es justo, hay mucho más en mí que mis errores del pasado. Tengo que reencontrarme, y darme el amor que siempre he buscado como loca en otros lados, pero nunca supe buscar dentro de mi ser. Entendí que me odiaba y no era capaz de perdonarme, y eso tenía que cambiar.

Una gran amiga me enseñó estas cosas, mientras me ayudaba a salir del problema mayor: me diagnosticaron precáncer, y me derivaron al lugar más triste del mundo para tratarme. Aprendí a convivir con la miseria humana, me sentaba en la sala de espera y trataba de asimilar que gran parte de esas personas que están a mi alrededor han firmado su condena de muerte, y yo estoy ahí con la oportunidad de poder luchar por mi vida. Eso me volvió humana. Y agradecida. Yo tengo una familia que me acompaña aunque no sepa de mis tristezas, mientras estas personas que han sido desahuciadas y abandonadas por sus seres amados, solo luchan por intentar alargar un poco más su existencia, pero saben que el final es inevitable. Aún puedo pelear por estar bien, aún puedo cambiar y no morirme. Él también estuvo ahí, y me acompañó a ese infierno, lleno de muerte y miedos.

Por esto retomé mi relación con Dios. Aunque a veces fallo y me alejo, sé que él está presente. El día que me dieron los resultados, sé que me dio la mano, y el doctor me dijo que el diagnóstico no era el que me habían dado anteriormente y que no tendría que operarme. ¡No tengo cáncer! ¡Voy a vivir! ¡Voy a poder seguir con una vida normal! ¡Ya no debo volver al infierno nunca más! 

Y ese fue el motor que me impulsó a darme todo el amor del mundo.

Busqué ayuda con una nutricionista, y me enseñó a comer bien. Empecé a leer, a investigar, a instruirme. Esto de comer saludable es nuevo, pero yo no estoy simplemente haciendo una dieta porque estoy hecha una vaca, sino que quiero cuidar a mi cuerpo, quiero poder sanar yo misma. El cambio comienza por dentro, tengo que dejar de consumir veneno para estar bien. Tan lógico pero tan difícil de comprender. 

Comencé a comer limpio. Llevo seis meses con esa consigna y he perdido alrededor de 60 libras. Sin drogarme, sin morir de hambre, sin llorar. Solo amándome y dándole a mi cuerpo lo que necesita. Jamás hubiera pensado que podría lograr algo así sin pastillas ni las porquerías que solía tomar que me metieron en este problema en primer lugar. Solo comiendo cosas que le harán bien a mi cuerpo y caminando. Al principio no podía avanzar ni dos cuadras. Ahora puedo correr y no se me sale el corazón por la boca. He recuperado agilidad y fuerza. Puedo cargar cosas que antes no hubiera pensado que podía. ¡Soy fuerte! ¡Soy todo lo que yo quiera ser! 

Perder a mi compañero de viajes y vida fue como morir. Esa es mi segunda muerte. Al morir por primera vez, regresé como un ser triste, que pensaba que no valía nada y se dejó tratar de esa forma durante algunos años. Pero esta vez volví con otro semblante, todo fue diferente: pude perdonarme y decidí ser una mejor persona. Resurgí como un fénix de entre las cenizas. Teníamos pagado un viaje para los dos originalmente, pero me armé de valor y decidí cambiar eso para hacer dos viajes por mi cuenta.

Yo, ¿sola? La niña que ni siquiera podía ir a una tienda a comprar porque le daba vergüenza pedir algo, ha decidido irse a dos países diferentes sola. En la primera parada en Buenos Aires me recibiría una persona que me aprecia mucho y sabía de mi catástrofe emocional, así que haría lo imposible por ayudarme a olvidar todo al menos unos días. Ahí me dejé vencer por el fernet y volví a tomar luego de ocho meses de abstinencia total. El segundo destino fue Machu Picchu, un lugar lleno de ruinas, también conocidas como piedras y alturas, otros de mis temores más grandes. Y sí.. los hice sola. Lo logré. Casi muero miles de veces, estuve a punto de llorar de terror, pero llegar a la meta fue una realización. Me demostró que los límites los impone uno mismo. Morir aplastada en un concierto, morir porque me resbalé en un ascenso, ay.. Kenny es un cojudo al lado mío. Igual sobreviví y ahora tengo menos miedos, soy más fuerte que ayer.

Mientras tanto, mi vida sentimental pasó de cero, porque estaba dentro de una relación sin afecto físico, al garrafal error de volver con el peor de mis ex. El que más me hirió. Esto tenia que suceder, teníamos que salir de esa duda del "que sería si...". Fue inevitable, nos volvimos a ver y fue como que si lo nuestro nunca murió realmente. Pero me equivoqué. Yo no estaba en capacidad de sentir, y se lo dije. Le dije que no lo amo, y el terminó yéndose con su ex, con quien al menos podía intentar recibir amor sincero. Yo sí lo amé alguna vez, pero son otros tiempos y circunstancias. Hubo mucho daño, y cuando eso pasa, el amor se va y no hay marcha atrás. Igual me ayudó a recuperar el autoestima, me recordó que soy una mujer y no un pokemon.

En todo este transcurso, algo pasó. En realidad, alguien pasó. Un chico que nunca había visto en mi vida se apareció por ahí y llamó mi atención. Me sorprendió su capacidad para hacerme reír, y en su rostro vi bondad. Un día me mandó una canción por razones que aún desconozco y le pedí su teléfono. Y no sé, en serio no sé qué pasó, pero poco a poco decidí ir conociendo a este chico. Tuve una corazonada, pero igual la seguí muy despacio porque de todos modos estaba pasando por esta serie de sucesos que consumían mi tiempo y existencia.

Una noche me le acerqué en un bar y me senté a su lado, y no podía dejar de abrazarlo. Casi me da un beso en la boca antes de irse, pero hecha un manojo de nervios, alcancé a virar la cara de manera sutil.. Yo no estaba sola en esa época y no quería faltarle el respeto. Quería que si se dieran las cosas, se dieran bien. Pasó mi cumpleaños, pasó el suyo, empecé a tener detalles con él porque me nació, y sus reacciones eran hermosas. Verlo tan feliz y emocionado me hacía más feliz a mí. Hasta que un día ya no pude más, y afuera del mismo bar, en las escaleras de la entrada, lo abracé con todas mis fuerzas, y después de pensarlo mil veces, seguido de un "ya, ¡qué chucha!" mental, acerqué mis labios a los suyos, cerré lentamente los ojos, lo besé.. y él me correspondió. Pero claro, todo esto justo días antes de partir en mi segundo viaje. Ay, el destino, tan oportuno como siempre. Ah, y me robaron esa noche, más oportuno aún.

Pues este caballero resultó ser mi compañero de viajes en el Cusco. Fue quien me hizo conversación hasta poder subirme al avión de regreso porque estaba muy cansada, me podía quedar dormida y perder el vuelo. Era quien me acurrucaba antes de dormir y fue quien me hizo una promesa de besos eternos a mi regreso al país. Y cumplió. Fue perfecto.. bueno, él es perfecto para mí pero aún no lo acepta. Encontré cosas que no sabía que existían con él, y es hermoso. En ese momento entendí por qué debía soltar todo lo que sostenía en mis manos. Era necesario seguir, era necesario el cambio.

El amor es hermoso, pero también es horrible. Que sensación tan hermosa el sentirse correspondido, aunque a ratos me siento como una quinceañera ilusionada, y lucho contra eso. Por Dios, soy una mujer de 28 años, ¿qué me pasa? Arritmia maldita, ¡déjame en paz!. Esta es solo mi cabeza jugando sucio por tantos traumas del pasado. Déjame vivir lo que estoy viviendo y deja de pensar de más, cabecita mía. Pensar de más, mata. A veces es mejor dejarse llevar por lo que se siente y luego se verá el resto, o tal vez ni eso. Si algo tiene que ser, será. Me invaden los miedos, a veces me asfixian y cuando eso pasa yo asfixio al resto. Espero que algún día sepan comprender y me tengan paciencia así como yo cultivo la mía cada día. 

No soy perfecta, yo también he estado rota. Pero como dicen "para cada roto hay un descosido", así que solo el tiempo dirá si mi corazonada fue la correcta.

En el nuevo año se vienen más metas, más sueños, mis sueños. 

El mundo es mío porque así lo he decidido, y nadie me dirá lo contrario jamás.

Gracias a todos. Uno puedo salir adelante solo, pero sin compañeros el camino es aburrido, y siempre hacen bien las palabras sinceras de alguien que te estima y quiere lo mejor para ti.

Gracias por tanto. Por lo bueno, por lo malo, por lo que dejó de ser, por lo que es, y por lo que será.

Finalmente, gracias Dios. Sin tí no doy pie con bola. Gracias por no abandonarme nunca.

Termino el año con mi perra salchicha en la clínica. Qué frágil es esta puta vida y que vieja está mi bebé. Que sea lo que tenga que ser, ella ya cumplió su tiempo aquí junto a nosotros. La voy a extrañar por siempre.


PD: Escribí todo esto de un solo tirón.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El Sucio

Sofía volvió con su antiguo amor. Sí, justo con el peor de todos: el mentiroso, infiel e imprudente. Nadie entiende por qué tomó una decisión tan irracional y estúpida. Pero la respuesta es demasiado obvia para ella: está buscando rellenar el vacío que dejó esa separación tan dolorosa de la única persona que parecía entenderla y apoyarla incondicionalmente. Ha decidido llenarlo con el placer que se había negado a si misma desde hacía años y solo este ser le podía dar. Solo ese hijo de puta es capaz de hacerla perder el control mientras juega a caer rendido a su merced.

El cerebro de Sofía está tan lleno de oxitocina que es como si viviera caminando entre nubes, donde nadie la puede alcanzar. Todos los problemas y tristezas se quedaron anclados allá abajo, en la tierra. Ya nada puede herirla, su corazón no es el mismo de antes. Se volvió inmune a los errores. Él es claramente un error, y ella sabe que puede darle cabida en todos lados, menos en su corazón.


Lo más probable es que él regrese a su vida habitual, con su pareja habitual y sus problemas habituales, pero ella no se amilana por eso. Más bien disfruta hasta el último instante de su compañía y calor, mientras sigue recargando su alma con pasión, desenfreno y libertad para volver a sentir. Él le devolvió el brillo, y ella ahora ha recordado que puede seguir brillando, así no sea a su lado.